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Época difícil presenta el Chile del siglo XIX, nuestro país está marcado por la polarización de población debido a la cruenta guerra civil de 1891, que termina con la muerte del presidente J.M. Balmaceda, confrontación que marcó a la sociedad civil por más de 50 años, cobrando más de 10.000 vidas, además de un elevado costo material, es el tiempo del salitre, el cual otorga más del 50% de los recursos a las arcas fiscales, del lento crecimiento de la agricultura, concomitante a las obras de infraestructuras como ferrocarriles y embalses que permitían mejorar y potenciar los cultivos.

Para el año 1895 la población nacional llegaba a 2.700.000 personas, de las cuales un 36% correspondía a sectores urbanos y en el caso de Valparaíso la concentración humana llegaba a 122.447  habitantes, además de contar con un

sector industrial cualitativamente mejor que el de otras ciudades y que junto a Santiago conformaban el 61% del total del país.

Para estos años en Valparaíso existían mas de 500 conventillos, en donde vivían sobre 17.000 personas, de aquellos solo 200 podían calificarse como de regular situación, los restantes erassimplemente inhabitables. Mientras el jefe de familia trabajaba en un taller o en una industria, la mujer realizaba quehaceres de costura o de lavado. Era frecuente el trabajo asalariado tanto femenino como infantil, debido a las bajas remuneración que se pagaban y a la carencia de empleos. Otros tantos vivían en las subidas de los cerros en condiciones más desventajosas y todos con un bajo índice de escolaridad, todo esto se veía más agravado debido a que los dos tercios de esta población correspondían a niños y a mujeres de sectores perjudicados también, por los elevados índices de alcoholismo, pues en la ciudad existían una gran cantidad de lugares de expendio de alcoholes, donde concurrían los trabajadores al término de su jornada de trabajo. Tal panorama abiertamente contradictorio con el progreso social y el desarrollo humano despertaron una seria inquietud en distintos sectores de la sociedad, que vislumbraron que la continuidad de esto podía en el tiempo no solo detener el desarrollo social, sino además generar una explosiva convivencia donde se pudiera anidar más de una propuesta disgregadora.

 

Las fundaciones de la sociedad de artesanos, articuladores entre obreros y la instrucción gratuita, gestoras de que ellos alcanzasen mejores niveles educativos, laborales y de participación política; las conferencias populares, proyecto nacido de la logia justicia y libertad N°5 e impulsado por el Dr. Ramón Allende Padin que están dirigidas “a los que no pueden frecuentar una sala de clases… dando una idea general de las más importantes cuestiones”, fueron los comienzos de un trabajo educacional direccionado a los sectores populares por parte de la masonería, dando como resultado un discurso educacional integrador, que buscó reformar una conducta para hacer mejores hombres y ciudadanos dentro del sistema; sectores obreros, habitualmente ajenos a las discusiones relevantes, eran educados, sindicalizados y en definitiva, preparados para asumir un papel socialmente integrador y políticamente más lúcido.

Es en esta perspectiva que algunos destacados masones porteños dirigidos por el médico cirujano de la armada Delfín Araya Gonzales junto a otros hombres, Luis Ognio, Santiago Pollman y Manuel Serey, promueven la formación de una escuela de carácter femenino con la intención de contribuir a que sea una realidad el hacer llegar la instrucción a todas las esferas sociales. Para este loable propósito, se inicia una campaña para atraer mujeres trabajadoras a jornada de estudios nocturnos.

La prensa de la época testimonia esta acción “escuela obrera femenina la igualdad ofrece vacantes para jornada nocturna. Matriculas se efectúan en la calle Echaurren n° #56 estudio el Dr. Araya.”

El en el mes de julio de 1895 se dejan sentadas las bases para proceder con el funcionamiento del proyecto y es el 20 de octubre de ese mismo año cuando es inaugurada solemnemente en los salones de “la igualdad de obreras” la primera de las escuelas vespertinas La Igualdad, con discurso del Dr. Delfín Araya como sostenedor y director, y de la señora Rosa Ramírez presidenta de la sociedad. Las clases se iniciaron el día 28 de octubre con una población escolar inicial de 115 alumnas.

Sus dos objetivos fundacionales según consta el artículo 2 de la sociedad, aprobados el año 1897, que llevan la firma de su presidente don Manuel Serey y su Secretario el Dr. Araya, son:

1.- “Fomentar la instrucción del pueblo”

2.- “Emplear todos los medios que estén a su alcance en la fundación de escuelas de instrucción primarias, de instrucción secundaria, de escuelas talleres y en mejorar en actual sistema de enseñanza”.